Nosotros

Historia del Instituto I.E.S. Pablo Neruda

Todo comenzó en el curso 1989/1990, hace ya la friolera de casi 22 años. Por primera vez se dotaba la plantilla del claustro de lo que sería nuestro Centro. La ubicación fue en el instituto Diego de Guzmán y Quesada. Alguno ya estaba allí antes, aunque no fijo. Llegamos la mayoría, muy jóvenes, de diferente lugares de la península; pocos eran de Huelva.

Empezamos por la tarde, y lo que iba a ser sólo un curso escolar, puesto que el instituto se entregaría para el curso siguiente, se alargó otro año más. La noticia de la demora a unos disgustó más que a otros: para unos el horario vespertino tenía ventajas, para otros trastocaba sus planes.

Cuando nos comunicaron que el instituto nuestro no iba a ser el que estaba construido al lado del Seminario, sino en el centro, nos alegramos. La espera había merecido la pena. Lo malo fue cuando vimos el lugar: un edificio aislado en medio de un extenso terreno, convertido en barrizal cuando llovía, un montón de casas de prostitutas justo enfrente y, por si fuera poco, un muro que recorría más o menos lo que hoy es Aguas de Huelva y que nos aislaba del centro de la ciudad. No había nada más. Aquí podéis ver una foto de nuestro instituto en sus comienzos:

El comienzo del curso 1991/1992 fue duro, sobre todo porque hubo mucha polémica por parte de los padres, que no querían llevar a sus hijos a ese instituto si no desaparecía de allí la prostitución. Pero, poco a poco, a todo se acostumbra uno, y nos habituamos al entorno. Cada uno hacíamos nuestro trabajo sin interferencias, y apenas si se produjeron incidentes, ellas en un lado y nosotros en otro, si bien es verdad que el ambiente por la tarde era bastante más sórdido. La presencia de la Policía fue frecuente durante mucho tiempo, más por que se viera que estaba allí que por problemas graves.

Y empieza la urbanización del entornoUn verdadero suplicio: todo se construyó sobre “nuestros oídos”, sobre “nuestra salud”. Primero el alcantarillado, la luz…, luego todos los edificios de alrededor, también un ala nueva para el instituto, el aparcamiento, la carretera. El ruido a veces era insoportable, hasta temblaba el suelo por las máquinas taladradoras de hacer los cimientos. Un día, otro día…, un mes, otro mes…, un año, otro año… En una ocasión nos alegramos porque “se calló una grúa” (así apareció en portada y en grandes titulares en el periódico, en vez de “se cayó”) en la siguiente manzana a la nuestra. Fue algo después de las 15 horas, y por suerte no sucedió nada, porque los alumnos ya habían pasado por allí camino a sus casas. Y poco a poco nuestro instituto, totalmente soleado en sus inicios, fue perdiendo luminosidad a la vez que ganaba vida alrededor. Y aquí estamos tras tantos avatares. Cuántos alumnos han pasado ya por aquí, cuántas situaciones positivas y algunas negativas, cuánto hemos aprendido a pesar de algunas decepciones. Y, aunque son muchos los profesores que han pasado por el Centro, aún quedamos un buen puñado de los de antaño que seguimos trabajando con entusiasmo.

Mª Teresa Sagredo (Profesora del Departamento de Lengua. Escrito para la revista CON-CIENCIA del curso 2010/11)